La tarea docente enfrenta desafíos inéditos: nuevas formas de acceso al conocimiento, diversidad de trayectorias estudiantiles, crisis de sentido de la escuela, desigualdades educativas persistentes y cambios en los modos de aprender. Frente a este escenario, la formación docente deja de ser una instancia inicial y se convierte en un proceso continuo, crítico y permanente.
