DIPLOMATURA en «Biología del conocimiento»

Certificación a otorgar: “Diplomatura Superior en Biología del Conocimiento”, se entregará Diploma y Certificado Final de Estudios emitido por el Instituto Universitario YMCA. Diplomatura aprobada por Resolución Rectoral del IUYMCA N° 57/2021. Carga horaria: 610 horas reloj. Duración de la cursada es de 8 meses.

EN PROVINCIA DE SANTA FE otorga 28 Puntos para el escalafón docente.

Dirección del Programa: Dr. Guillermo Magi.

Marco institucional de la propuesta académica:

En el mes de abril del presente año 2021 el IUYMCA y la Fundación Archipiélago firmaron un Convenio de Cooperación Académica en el cual se proponen desarrollar en conjunto entre otras actividades, programas de formación y actualización docente.

Esta Diplomatura surge en el marco de ese convenio y como respuesta a la necesidad de formar y capacitar docentes y profesionales vinculados a la docencia en el paradigma de la biología del conocimiento. La necesidad imperiosa de conocernos a nosotros mismos, en nuestro operar como seres vivos, es la llave que permite recuperar el humano poder de reflexión y así virar el curso de la humanidad hacia la comprensión de unos en otros.

El IUYMCA es una Institución Universitaria reconocida por el Ministerio de Educación de la Nación y en sus propósitos institucionales tiene a la extensión como un área de su incumbencia.

Fundación Archipiélago es una Institución reconocida por la Inspección General de Justicia de la Nación desde el año 1998, dedicada a la formación docente con distintos programas y propuestas tanto en el país como en países como Colombia, México y España.

PROPUESTA ACADÉMICA.

  1. FUNDAMENTACIÓN

“Cuando habíamos aprendido las respuestas nos cambiaron las preguntas” sentenciaba un grafiti en algún paredón de una ciudad de nuestro planeta. Es decir, este resumen de sabiduría popular nos está diciendo algo así como, “cuando sabías como vivir te enteraste que la vida era de otra manera”. Aquí la pregunta sería si estamos preparados para encontrarnos con una noticia de este calibre. Se dice muchas veces que es preferible vivir en la ignorancia y tener, por tanto, una vida en la feliz credulidad que toparnos con una verdad interior que nos interpele de tal manera que nos obligue a modificar “nuestro modo de vida”.

Como seres humanos desarrollamos un modo de vida, una manera de “ser humanos” que tiene que ver con la cultura en la cual estamos inmersos y de ese modo cultural de vida es que nos construimos una imagen, una representación del mundo. Esa imagen o representación nos señala entre otras cosas que es lo que está mal y que es lo que está bien. ¿Cómo sabemos que algo está bien?, hay una representación interna que no somos muchas veces conscientes de dónde la armamos que nos dice que eso que estoy haciendo está bien. Una especie de conciencia superyoica de la cual somos responsables.

Construimos acuerdos en el lenguaje, conscientes o no de ello, por los cuales desarrollamos un estilo de vida que consideramos adaptado o cercano a aquella representación del mundo que encierra valores, creencias, verdades y principios que son buenos para nosotros. Un paradigma personal que podría encuadrarse o estar asentado en el paradigma social en el cual nos movemos y desarrollamos nuestra existencia, pero de la cual somos responsables.

Tenemos la tendencia – o tentación – de la certeza de la percepción como una experiencia independiente de nosotros. Nos movemos en la seguridad que percibimos la realidad tal cual y por tanto que todos perciben lo mismo que yo. Si yo lo veo, ¿cómo el otro no lo ve?. Si yo me doy cuenta, ¿Cómo el otro no se da cuenta?.

A menudo no percibimos la distancia que hay entre nosotros como seres que percibimos y la realidad que supuestamente percibimos. Tendemos a establecer una relación directa entre nuestra percepción y la realidad percibida, en la seguridad que esas imágenes que construimos no hacen otra cosa que reflejar con total exactitud aquella realidad – externa – que imaginamos describir.

La historia de la filosofía nos ilustra acerca de corrientes de pensamiento que han intentado explicar por ejemplo con qué o cómo conoce el hombre. El empirismo es una de ellas y floreció sobre todo en filósofos ingleses como Looke, Berkeley y otros, sostenía que solo conocíamos a través de los sentidos. El racionalismo, otra corriente, descalificaba los sentidos y daba primacía a la razón como el único medio posible para el conocimiento.

Pocas veces nos preguntarnos acerca del conocer en sí mismo, es decir, “¿conocemos?”, o antes aún, “¿qué es conocer?”. Que queremos decir cuando decimos que conocemos algo?. En nuestra existencia cotidiana afirmamos conocer.

Conocemos, por ejemplo, el camino de nuestra casa hasta el trabajo. Conocemos a aquellos con los cuales vivimos, conocemos determinado país o ciudad,  … “yo conozco un lugar que te va a encantar”, decimos con frecuencia a un amigo acerca de un sitio “desconocido” para él.

Así como afirmo conocer afirmo lo contrario. Cuando digo que no conozco en palabras vulgares estoy diciendo, “mira, no puedo decir nada de él”, “no me atrevo a decir nada, a hacer ninguna afirmación, a establecer una opinión, la que fuera sobre esa persona, no la conozco”.

No conocer a alguien o algo conlleva la certeza que no está en nuestra posibilidad “emitir una opinión acerca de lo que se nos interroga”. Pero a menudo no reconocemos esa distancia entre la descripción que hacemos y aquello que describimos, tendemos a unificar en un solo hecho u objeto la descripción con lo que se describe. En mi opinión éste es un punto clave en esta interpretación del conocer, pues si no tomo conciencia de esa distancia mi subjetividad, de la cual nunca se puede prescindir, me tenderá la trampa epistemológica por la cual describiré algo en la seguridad que estoy haciéndolo como observador externo distante sin estar siendo yo mismo como sujeto quien hace esa descripción.

Francisco Varela nos ayuda a reflexionar sobre nuestra visión de las cosas y resulta apropiado citarlo:

“Para tomar un ejemplo más cotidiano, pensemos en el mundo de colores que percibimos todos los días. Sus efectos son tan omnipresentes en nuestra vida que sentimos la tentación de pensar que los colores, tal como los vemos, representan el mundo tal cual es. Damos por sentado que el color es un atributo de la longitud de onda de la luz reflejada por los objetos, que nosotros la captamos y la procesamos como información relevante. En rigor, como indican muchas investigaciones, el color percibido de un objeto es en buena medida independiente de la longitud de onda que recibimos. En cambio, hay un complejo proceso (el cual entendemos solo parcialmente) de comparación cooperativa entre múltiples conjuntos neuronales del cerebro, el cual determina el color de un objeto según el estado cerebral global que corresponde tanto a una imagen de la retina como a cierta expectativa de lo que debería ser dicho objeto …

Así, por ejemplo, si ponemos un papel gris sobre un  trasfondo rojo, el papel (físicamente) gris cobra un color verdusco, aunque desde luego no hay ninguna longitud de onda verde añadida en la región. Este fenómeno se denomina “inducción cromática” y habitualmente se interpreta como una ilusión. Pero esta clase de proceso es el corazón mismo de la visión cromática, pues el color surge cuando un proceso similar se produce en tres clases de células: su actividad relativa específica qué es el color. Los teóricos modernos hablan pues del color no como representación de la longitud de onda, sino de las propiedades reflexivas de una superficie, pues dicha propiedad es independiente de la iluminación pero más característica del objeto …

Lo que se puede decir es que nuestro mundo cromático es viable: es eficaz, dado que hemos perpetuado nuestro linaje biológico. Las operaciones neuronales cooperativas que subyacen a nuestra percepción del color son resultado de la larga evolución biológica de nuestro grupo de primates. Pero oras especies han creado mundos cromáticos diferentes a partir de sus órganos sensoriales. Por ejemplo, parece que muchos pájaros son tetracromáticos (requieren cuatro colores primarios), mientras que nosotros somos tricromáticos (nos bastan tres colores primarios). En el dominio del color ni las aves ni nosotros somos más o menos “precisos” en lo que concierne a un dominio que presuntamente es el “mismo”, sino que habitamos dos mundos perceptivos de diferentes dimensiones, que por lo tanto no se pueden superponer. Dicho de otro modo: las muy diferentes historias de acoplamiento estructural de aves y primates han hecho emerger un mundo de datos relevantes que para cada cual es inseparable de su modo de vida. Sólo se requiere que cada senda emprendida sea viable, es decir, que sea una serie ininterrumpida de cambios estructurales. Los mecanismo neuronales que subyacen al color no son la solución de un problema (captar las propiedades cromáticas preexistentes de los objetos), sino el surgimiento simultáneo de la percepción cromática en el hombre o el ave y lo que uno luego puede describir como atributos cromáticos del mundo habitado”. [1]

El mundo es mirado por nosotros y visto por nosotros, pero vemos el mundo y describimos un mundo que nosotros mismos construimos. Ese mundo que construimos tiene que ver con lo que podemos ver y particularmente con aquello que queremos ver. La belleza de la cosa está en el ojo de quien mira y por ese motivo tan sencillo lo que es lindo para mi puede no serlo para otro.

  1. OBJETIVOS GENERALES

Serán objetivos de presente programa los siguiente:

  1. Promover en los cursantes la práctica humana de la reflexión, práctica olvidada en nuestra vida cotidiana por la urgencia del “hacer” que no da posibilidad al “reflexionar”.
  2. Estimular a la lectura personal, a la reflexión de lo leído y finalmente a la escritura.
  3. Desarrollar instancias de diálogo reflexivo entre los participantes, partiendo de la convicción que siempre “lo dicho es dicho por alguien”.
  4. DESTINATARIOS

La Diplomatura está destinada a profesionales de la educación y de la salud interesados en la temática, a docentes de todos los niveles educativos, a profesionales que integran equipos de orientación escolar y/o gabinetes psicopedagógicos, a equipos directivos y de gobierno  de instituciones educativas y de salud.

  1. ENCUADRE Y DINÁMICA DE LA PROPUESTA

Organizada de la siguiente manera:

  • Clases virtuales: Se desarrollarán cuatro clases virtuales mensuales durante cuatro meses, cada una incluye la bibliografía utilizada para su elaboración y la bibliografía de lectura obligatoria. Asimismo, se propone bibliografía de lectura optativa que posibilita ampliar lo trabajado en la clase.
  • Otras propuestas que complementan la cursada:
    • videoteca, que incluye fragmentos de películas, entrevistas a autores referentes de la temática, conferencias grabadas
    • foros durante la cursada, como espacios de encuentro a través de los cuales se propician debates, rondando el tema convocante, promueven el intercambio de ideas y la elaboración y socialización de actividades compartidas.
    • foro de cierre, para intercambios y la presentación de la consigna del trabajo final integrador.

Una vez concluidas las clases se dispondrá de dos meses de plazo para la realización del trabajo de evaluación:

Evaluación: Se deberá elaborar un trabajo escrito personal, de entre 3 a 5 folios, en el cual el autor del mismo reflexione sobre alguno de los temas tratados en el diplomado. 

  1. CONTENIDOS (organizados en cuatro módulos):

Módulo 1: “Una mirada a la educación actual desde la perspectiva de la biología del conocimiento”.

Módulo 2: “Lenguaje, emociones y ética en el quehacer político”.

Módulo 3: “Cultura patriarcal y cultura matrística. Conversaciones definitorias de cada cultura. Emocionar patriarcal y emocionar matrístico. “

Módulo 4: “Constructivismo radical. Construcción de la realidad. Componentes de realidades ideológicas. Representacionismo y solipsismo”.

  1. INSCRIPCIÓN CERRADA, programa en desarrollo actualmente.

[1] Varela Francisco, “Conocer”. Editorial Gedisa, Cuarta Edición 2005, Barcelona. Pág. 105